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Interrogaron a todos los que pensaban que podrían ser sospechosos: familia, amigos, vecinos… y tras varios años el caso se cerró, ya que no consiguieron ninguna prueba ni pista y por lo tanto, no había forma de resolver el caso.
Transcurrieron los años, Jonh se volvió a casar y formo una nueva familia junto a su nueva mujer. Ya nadie pensaba que el caso de Marian, difunta mujer de John, fuera resuelto, y aunque ella les dejo un enorme hueco en el corazón, todos aprendieron a vivir sin su compañía.
El 9 de Diciembre del 1996, cuya fecha nunca olvidaré, John volvió a llamarme, noté su nerviosismo e inquietud desde el momento en el que me empezó a hablar. Su voz era igual de temblorosa como aquel horrible dia, 12 años atrás. Aquel horrible dia en el que corrí a su casa y vi a Marian en el suelo con la cabeza abierta.
Volví a correr hacia su casa para investigar la causa de su llamada. Cuando llegue allí, vi que John sujetaba un puñal en su mano derecha. Me confesó que hace 12 años vio a su mujer con otro hombre. Vio que le engañaba, y tras ver aquella situación solo se le ocurrió matarla. Había conseguido callárselo durante 12 años pero me confesó que ya no podía mas, y antes de que me diera tiempo a decirle nada, apretó el puñal contra el pecho, y tras siete apuñaladas cayo muerto. Hice todo lo que pude, llamé a la ambulancia, avisé a su mujer… pero ya no había nada que hacer. Mi mejor amigo fue un asesino, me lo oculto durante 12 largísimos años y finalmente se suicido frente a mi.
Asier Benegas
Ella y yo, ¿la misma persona? La curiosidad que despertó en mi mente me hizo sentir una sensación completamente nueva que jamás había experimentado. Su sombra junto a la mía y mi sombra junto a la suya. Los mismos gestos, las mismas expresiones, ¿qué ocurría? Aquella imagen reflejada en el cristal no era la que habitualmente veían mis ojos. La chica que yo veía era gorda y fea. En realidad, últimamente, he dejado de estar de acuerdo con mi cuerpo, por muy poco que coma cada día estoy más gorda. Mi mayor temor es que un día de estos no quepa en el espejo y que mi gente se sienta repelida por mi aspecto. La verdad es que no entiendo lo que me pasa, nada tiene sentido. Antes comer era un placer para mí, sin embargo, ahora cada bocado que me meto a la boca, siempre obligada, es como una puñalada cargada de desesperación. Mis fuerzas disminuyen, no puedo más.